Únete al movimiento Doble X

Cada vez somos más quienes nos movemos por las personas

Con motivo del inicio de la campaña de la Renta y con el objetivo de poder seguir impulsando una sociedad más justa, inclusiva e igualitaria, Cáritas ha lanzado la iniciativa “Únete al movimiento doble X” para invitar a la sociedad a marcar las dos casillas.

En esta declaración de la Renta, muévete y marca ambas casillas.

Cáritas Huelva realiza una misión profesional en Cáritas Foggia (Italia) dentro de la Red África‑Europa para la Movilidad Humana (RAEMH)

Cáritas Diocesana de Huelva ha llevado a cabo una misión profesional en la diócesis italiana de Foggia, en el marco de la Red África‑Europa para la Movilidad Humana (RAEMH), una plataforma que impulsa el trabajo conjunto entre organizaciones europeas y africanas dedicadas a la movilidad humana, el intercambio de prácticas y el fortalecimiento de redes.

Durante varios días, un equipo formado por María Macías (directora), Javier Ortiz (técnico de Empleo) y Peña Monje (responsable de comunicación y cooperación) ha conocido de primera mano el trabajo que Cáritas Foggia desarrolla con personas migrantes en situación de especial vulnerabilidad.

La RAEMH facilita misiones de inmersión profesional que permiten a sus organizaciones miembros descubrir nuevos contextos, compartir metodologías y reforzar la cooperación internacional. En este marco, Cáritas Huelva y Cáritas Foggia han llevado a cabo un intercambio centrado en comprender la realidad migratoria del territorio y las respuestas que se articulan desde la Iglesia local.

“Esta misión nos ha permitido profundizar en la realidad migratoria de Foggia, acercarnos a las historias de las personas acompañadas por Cáritas y conocer proyectos que buscan ofrecer alternativas dignas. El intercambio nos ayuda a comprender mejor los desafíos comunes y a fortalecer la cooperación y el aprendizaje mutuo”, destaca el equipo de la Cáritas Diocesana de Huelva.

Uno de los momentos más significativos de la misión fue la visita al campamento de Borgo Mezzanone, considerado el asentamiento informal más grande de Europa. Allí viven alrededor de 4.000 personas, cifra que puede duplicarse durante la temporada agrícola.

Las condiciones de vida son extremadamente precarias: falta de saneamiento, viviendas improvisadas y una fuerte dependencia del trabajo agrícola en condiciones muy duras. La mayoría de las personas proceden de Nigeria, Gambia, Senegal, Ghana, Somalia, Afganistán y Pakistán.

Desde 2014, Cáritas Foggia —en coordinación con Cáritas Italiana— ofrece en este contexto asistencia jurídica, atención médica, escucha activa y acompañamiento social, además de programas que fomentan la salida del campamento mediante oportunidades laborales y procesos de integración.

El equipo también visitó el campamento de la Gran Ghetto de Rignano, donde viven cerca de 1.000 personas, en su mayoría procedentes de países del África occidental. Allí, Cáritas Foggia acompaña diariamente a los trabajadores agrícolas que viven y trabajan en condiciones de gran vulnerabilidad.

Además, la misión permitió conocer el trabajo del sindicato CGIL, que lucha por los derechos laborales de las personas migrantes en el sector agrícola, ofreciendo apoyo legal, cursos de italiano y acompañamiento en procesos de regularización.

Por otra parte, durante la misión tuvimos la oportunidad de conocer a varios equipos parroquiales de Cáritas Foggia, que trabajan día a día para atender a las personas que más lo necesitan en sus comunidades. Su compromiso, cercano y profundamente arraigado en el territorio, nos permitió descubrir otras formas de acompañamiento y organización pastoral, enriqueciendo aún más el intercambio y mostrando cómo la acción caritativa de la Iglesia se sostiene gracias a la entrega de tantas personas voluntarias y agentes locales.

La misión profesional entre Cáritas Huelva y Cáritas Foggia se enmarca en el compromiso de la RAEMH por promover una movilidad humana más justa, humana y respetuosa con los derechos de las personas. El intercambio ha permitido fortalecer la relación entre ambas Cáritas, generar aprendizajes mutuos y abrir nuevas vías de colaboración.

Sanar lejos de casa

Cuando la enfermedad llega sin red familiar, las personas en situación de movilidad humana afrontan la salud desde la soledad y la incertidumbre, mientras espacios como la Casa de los Milagros de Cáritas Diocesana de Huelva sostienen su recuperación y sus cuidados

Cada 7 de abril, Día Mundial de la Salud, se vuelve a situar en el centro la idea de que la salud es un derecho universal. Sin embargo, cuando ese derecho se observa desde la experiencia de la movilidad humana, su significado se vuelve más complejo y, en muchos casos, más frágil. Porque la salud no empieza en un hospital ni termina en un tratamiento. Empieza mucho antes, en las condiciones que hacen posible poder recuperarte: tener un lugar donde descansar, alguien que te acompañe o una red que te sostenga. Cuando todo eso falta, enfermar deja de ser un episodio puntual para convertirse en una experiencia de vulnerabilidad muy grave.

En Huelva, esa realidad se palpa cada día en la Casa Santa María de los Milagros, un proyecto impulsado por ritas Diocesana de Huelva que acoge a personas enfermas sin hogar, muchas de ellas migrantes, para que puedan recuperarse en condiciones dignas. Allí, la salud se entiende de manera integral, como un proceso que no solo implica tratamiento médico, sino también cuidado cotidiano, estabilidad y acompañamiento. Lo que pretendemos es ofrecer el cuidado que cualquier persona tendría en su casa, con su familia”, explica Juana Redondo, técnica de la casa. Su afirmación encierra, en realidad, una carencia estructural: quienes llegan a esta casa lo hacen, precisamente, porque no tienen ni hogar ni familia cerca.

Esa ausencia se hace especialmente visible en historias como la de Carmen Elena Busuioc, una mujer de 42 años proveniente de Rumanía que lleva más de cinco meses en la casa recuperándose de un cáncer de mama. A pesar de vivir desde hace quince años en España, la enfermedad la dejó completamente desprotegida. Me encontré sin hogar, sin comida, sin dinero, sin nada”, relata. Su experiencia pone de relieve una diferencia fundamental entre enfermar dentro o fuera de tu país, de tu casa: la red de apoyo. Aquí no tengo a nadie… mi familia no está conmigo”, explica. Frente a quienes cuentan con un entorno que sostiene en los momentos más difíciles, muchas personas migrantes atraviesan la enfermedad desde la soledad. Si naces aquí, alguna casa tienes, algún apoyo… para nosotros es mucho más difícil”, resume.

Aunque el sistema sanitario español garantiza la atención médica, la experiencia cotidiana demuestra que el acceso real a la salud no depende únicamente de ese derecho formal. “La atención médica está garantizada incluso para personas en situación administrativa irregular, explica Juana Redondo. Sin embargo, la experiencia real muestra otra cara del sistema. Existen barreras menos visibles que condicionan profundamente los procesos de recuperación. El idioma es una de ellas. Tal y como señala Juana, los profesionales sanitarios explican diagnósticos y tratamientos, pero no siempre de una forma accesible para quienes no dominan la lengua. Esta dificultad, sumada al desconocimiento del funcionamiento del sistema —los tiempos de espera, los circuitos médicos, la importancia del seguimiento—, provoca que muchas personas no comprendan completamente su proceso de salud. Las consecuencias son notables: citas perdidas, tratamientos interrumpidos o medicación mal administrada. A esto se suma un factor determinante que rara vez se tiene en cuenta en la consulta: las condiciones de vida. Resulta difícil seguir una dieta, guardar reposo o cumplir con determinadas pautas médicas cuando no se dispone de un espacio estable donde hacerlo. Según el IX Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía, un 15,9% de la población andaluza ha tenido que dejar de comprar medicamentos, seguir tratamientos o mantener dietas por motivos económicos. Entre la población extranjera no comunitaria, esta cifra asciende hasta el 22,2%.

La desigualdad se acentúa aún más en el acceso mismo al sistema sanitario: mientras que en el conjunto de Andalucía solo un 1,1% de la población carece de cobertura, el porcentaje se eleva hasta el 7,6% entre las personas extranjeras fuera de la Unión Europea. Datos que evidencian que, aunque el derecho exista, no siempre se traduce en una posibilidad real.

La situación se agrava especialmente cuando la enfermedad se cruza con la falta de vivienda. Hay muchas personas enfermas que terminan en la calle”, advierte Juana. En ese contexto, la recuperación se vuelve prácticamente imposible. Sin un lugar donde descansar, sin acceso a una alimentación adecuada o sin medios para desplazarse a revisiones médicas, la enfermedad no solo persiste, sino que se intensifica. Es en ese punto donde la Casa Santa María de los Milagros cobra importancia, ofreciendo algo tan básico como imprescindible: un lugar donde estar, parar y curarse.

Pero el cuidado que se ofrece en la casa va más allá de lo material. En el día a día, el acompañamiento emocional juega un papel fundamental. Carmen María Serrano, voluntaria desde hace un año y medio, describe cómo su labor comienza mucho antes de lo que podría parecer. Llega antes de su turno para compartir la cena con las personas acogidas, conversar con ellas y escuchar sus historias. No se trata solo de estar presente, sino de generar un espacio de confianza y cercanía. “Muchas veces nos convertimos un poco en familia”, explica. En un entorno donde la red afectiva está ausente, ese acompañamiento cotidiano se convierte en un pilar esencial del proceso de recuperación.

La experiencia de Oumar Diabaté, de 43 años, originario de Mali y con más de una década en España y en situación administrativa regular, introduce otra dimensión clave en la relación entre salud y migración: la imposibilidad de detenerse. Tras sufrir un accidente de moto en su país, que le dejó la pierna gravemente dañada, regresó a España —donde llevaba desde 2010 trabajando en el sector agrícola — con la intención de retomar su vida. Intentó ponerle solución a su pierna en Bamako, pero la única solución que le dieron fue cortársela. Atemorizado, volvió con dolor a España para seguir su vida. Sin embargo, el dolor y la lesión se lo impidieron. Aun así, su primera reacción fue intentar trabajar. “Si no trabajas, ¿cómo comes?, plantea, dejando al descubierto una lógica marcada por la supervivencia. Durante más de un año y ocho meses esperó una operación, desplazándose constantemente entre Lepe y Huelva, mientras vivía en condiciones precarias, durmiendo en el salón de un compañero. Sufrí muchísimo”, recuerda.

Su llegada a la Casa de los Milagros supuso un punto muy importante para su futuro. Por primera vez en mucho tiempo, encontró estabilidad. “Aquí no me faltaba nada: comida, vivienda y personas que me apoyaban”, explica. Además, el acompañamiento facilitó el seguimiento de su tratamiento médico, algo que hasta entonces había sido difícil de sostener. Sin embargo, incluso en ese entorno protegido, la presión por trabajar no desaparece. Oumar tiene tres hijos y una mujer en Mali, y su tranquilidad depende, en gran medida, de los ingresos que él pueda enviar. Si tienes familia, tienes una presión muy fuerte para no parar de trabajar”, afirma. Esta urgencia atraviesa la experiencia de muchas personas migrantes, que se ven obligadas a priorizar el trabajo incluso en situaciones de enfermedad, poniendo en riesgo su propia recuperación.

Junto a estas dificultades materiales, la enfermedad también tiene un impacto emocional profundo. La distancia con la familia, la preocupación constante y la imposibilidad de acompañar a los seres queridos generan un desgaste difícil de gestionar. Según explica Juana, esta carga se vive de manera especialmente intensa en el caso de las mujeres, que a menudo asumen el peso emocional del cuidado incluso desde la distancia.

En este contexto, el acceso a la salud de las personas migrantes ha vuelto al centro del debate político en España. En los últimos días, el partido de ultraderecha Vox ha impulsado propuestas para restringir la atención sanitaria a personas en situación administrativa irregular, planteando limitar su acceso a determinados servicios. Estas posiciones han arrastrado al Partido Popular a reabrir un debate que parecía superado desde la recuperación del modelo de sanidad universal. Frente a ello, organizaciones sociales y profesionales del ámbito sanitario advierten de que limitar el acceso no solo supone una vulneración del derecho a la salud, sino que también tiene consecuencias en términos de salud pública y cohesión social, al dejar fuera del sistema a personas que igualmente enferman, necesitan cuidados y forman parte de la sociedad.

La Casa Santa María de los Milagros se presenta así como un ejemplo concreto de lo que implica abordar la salud desde una perspectiva integral. Sin embargo, su existencia también pone de manifiesto una carencia estructural: la falta de recursos específicos para personas enfermas sin hogar. A pesar de su trayectoria, el proyecto no encaja fácilmente en las categorías de financiación pública, lo que evidencia una desconexión entre las necesidades reales y las respuestas institucionales.

Las historias que atraviesan esta casa recuerdan que el derecho a la salud no se garantiza únicamente con atención médica. Requiere condiciones materiales, acompañamiento y estabilidad. En un contexto marcado por la movilidad humana – también en Huelva, donde miles de personas migrantes forman parte del día a día, sostienen sectores clave y construyen, junto al resto de la ciudadanía, el relato común de nuestros pueblos y barrios–, repensar la salud desde esta perspectiva se vuelve una cuestión acuciante. Porque, como muestran estas experiencias, sanar no es solo curar, sino hacerlo en un lugar donde la dignidad se proteja. 

María no está sola: la fuerza del acompañamiento

Hoy quiero hablar de mi proyecto —sí, mi proyecto, porque así lo vivo—: un proyecto de acompañamiento a personas mayores que viven solas. Un proyecto lleno de ilusión, empatía, abrazos, cariño y, sobre todo, mucho esfuerzo. Un proyecto donde la palabra que lo sostiene todo es Acompañar.

Actualmente el proyecto se desarrolla en dos zonas rurales de la provincia de Huelva, Sierra de Aracena y Picos de Aroche y la Comarca del Ándevalo, atendiendo a 21 pueblos y aldeas.

La vida de las personas mayores en estas zonas tiene condicionantes específicos que las convierten en especialmente vulnerables y limitan el derecho y acceso a los recursos. Cosas tan sencillas como sacar dinero en un cajero automático para ellos se convierte en una ardua labor; visitar al trabajador social para gestionar algún recurso…sólo acudirá quincenalmente una hora de los miércoles; coger el bus para realizar alguna gestión, ir al dentista…será misión imposible ya que no hay línea de bus.

Nuestro proyecto presenta un modelo integral de atención a la soledad y a las múltiples vulnerabilidades que sufren las personas mayores en este entorno deficitario a través de diferentes acciones como detección, prevención, acompañamiento, sensibilización, trabajo en red, intervención, actividades grupales y evaluación.

Y trabajamos desde una visión global de la realidad de nuestros mayores: higiene, salud física y mental, vivienda, economía, afectividad, relaciones sociales… desde un modelo de acompañamiento que establece una relación próxima, de cercanía y de confianza con ellas creando así una familia, en ocasiones, la única que cada martes entrará por su puerta, escuchará atentamente y cogerá su mano con fuerza mientras María cuenta la historia de su vida.  Y se le ayudará cuando la situación sociosanitaria de María haya cambiado, para solicitar la revisión de su grado de dependencia. También cuando, a pesar de haber pasado su vida trabajando y cuidando de los demás y ser grandes gestoras y economistas, se presentan gastos imprevistos imposibles de solventar, recibirán apoyo económico para que no tengan que pasar apuros. 

La soledad no deseada puede tener consecuencias devastadoras en la salud de las personas mayores que la padecen como deterioro cognitivo, ansiedad, depresión, sufrimiento, muerte prematura, limita el derecho a la participación… Los beneficios para las personas acompañadas se dejan notar en la mejora de la salud física, mental y emocional a través de actividades grupales, donde María entrenará su memoria tan importante en estas edades, dónde participará con otras personas de su edad en encuentros, convivencias, actividades de ocio, y preparará el bizcocho emocionada para más tarde compartir con todos, y pintará sus labios para que veamos la gran belleza que aún conserva. En estos espacios las personas generan y refuerzan vínculos sociales, amistades que devuelven ganas de vivir, seguridad, apoyo, afecto, y María se sentirá querida, cuidada porque si no viene recibirá una llamada, un cómo estás, alguien que se preocupa por ella, y una visita en su casa, dónde María cada martes nos esperará con sus mejores galas y un buen café preparado.

El abordaje de la soledad no deseada requiere de respuestas desde lo comunitario y colectivo, de acciones de sensibilización para mostrar esta realidad al mundo, y trabajar juntos, unidos para que nuestros mayores que tanto hicieron por nosotros puedan envejecer con dignidad, sin imposiciones, con opciones de elegir, para crear espacios seguros y participativos, dónde María se sienta querida, necesaria, feliz, con sentido de pertenencia y alegría, la que había desaparecido. De esta manera podemos ir caminando hacia la transformación de nuestros pueblos y aldeas en comunidades más humanas y solidarias, porque solo la comunidad es capaz de curar lo que la soledad enferma.

Nuestro agradecimiento a la Fundación La Caixa y a todas las entidades que colaboran con el proyecto, por su colaboración que nos permite seguir trabajando para que en un futuro todos nuestros mayores se sientan María.              

Texto escrito por Inma Ruiz, técnica del proyecto.  ‘

La vivienda y el empleo, principales motores de la exclusión social en Huelva

  • Más de 60.000 personas en la provincia onubense se ven abocadas a una situación de pobreza una vez pagados los gastos derivados de la vivienda y más de 50.000 viven en hogares donde el sustentador principal se encuentra en una situación de inestabilidad laboral grave
  • En la provincia de Huelva, unas 85.000 personas viven en hogares que han tenido que dejar de comprar medicinas o abandonar tratamientos o dietas por falta de recursos.

La vivienda y el empleo se consolidan como los principales motores de la exclusión social en Huelva. Así se desprende del Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía, presentado esta mañana en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Huelva, que advierte de la cronificación de la desigualdad y de un proceso profundo de fragmentación social en la comunidad andaluza: el 23% de la población -casi dos millones de personas- vive en exclusión social y el 10% lo hace en exclusión severa.

La presentación ha contado con la intervención de María Macías, directora de Cáritas Diocesana de Huelva y Daniel Rodríguez de Blas, miembro del equipo de estudios FOESSA y coordinador del informe de Andalucía.

La fractura social se consolida 

El análisis presentado por Daniel Rodríguez de Blas sitúa a Andalucía ante un proceso profundo y persistente de fragmentación social, fruto de más de dos décadas de crisis encadenadas  —económica, sanitaria, inflacionaria y habitacional— cuyas fases de recuperación no han logrado cerrar las brechas abiertas. “No estamos ante una situación coyuntural, sino ante dinámicas estructurales que se consolidan”, ha explicado. 

Según el informe, en 2024 la exclusión social afecta al 23,1% de la población andaluza, es decir, que casi dos millones de personas en Andalucía tienen dificultades para participar con normalidad en la vida social. Una proporción claramente superior a la media estatal (19,3%) que procede de una “mayor exposición histórica a la desigualdad, la precariedad laboral y la fragilidad de los mecanismos de la protección social”.

El 10,2% de la población andaluza, en exclusión severa 

Especialmente preocupante es el peso de la exclusión severa, que alcanza ya al 10,2% de la población y que no deja de crecer desde 2018. Al mismo tiempo, se constata un retroceso de la integración plena: solo cuatro de cada diez personas no presentan hoy ningún indicador de exclusión social en Andalucía.

“No fallan las personas, falla el sistema”. Frente a discursos que explican la pobreza y la exclusión desde la pasividad individual, los datos muestran que la mayoría de los hogares en exclusión no permanece al margen. Trabajan, buscan empleo, se forman, activan redes de apoyo familiar e intentan salir adelante. “Sin embargo, ese esfuerzo choca con barreras estructurales: recursos insuficientes, respuestas fragmentadas y apoyos que no se ajustan a las trayectorias reales. Cuando el sistema exige activación sin ofrecer protección suficiente, la exclusión no se corrige: se cronifica”.

Vivienda y empleo, principales motores de la exclusión 

El Informe FOESSA identifica la vivienda como el principal eje de la exclusión social en Andalucía y afecta a casi una de cada cuatro personas.  

Desde 2018, el precio de compra de la vivienda ha aumentado un 65%, muy por encima de la evolución de los salarios, lo que ha generado un sobreesfuerzo residencial que empuja a más de 400.000 hogares andaluces a vivir por debajo del umbral de la pobreza severa después de pagar los gastos de vivienda y suministros.  

El informe advierte además de que, aunque solo el 15% de la población vive de alquiler, este grupo concentra una vulnerabilidad muy elevada: el 43% de las personas inquilinas se encuentra en riesgo de pobreza. A ello se suman situaciones cada vez más extendidas de inseguridad residencial, que afectan a medio millón de personas, y viviendas inadecuadas con problemas de hacinamiento o insalubridad, en las que residen más de 1,2 millones de andaluces. “Mientras la vivienda no pase a ser un pilar real del Estado del Bienestar, la mejora económica seguirá sin traducirse en integración social”, ha advertido Daniel Rodríguez. 

Junto a la vivienda, el empleo es el segundo gran eje de la exclusión social. La mejora significativa en los indicadores de ocupación no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida. Se trabaja más, pero trabajar ya no garantiza salir de la cuerda floja. El contexto actual de creciente inflación y fuerte encarecimiento de la vivienda en el que nos encontramos ha reducido de forma drástica la capacidad protectora del empleo. Los salarios han subido, pero no de manera proporcional, debilitando aún más la capacidad de los ingresos laborales para sostener proyectos de vida dignos. 

En Andalucía, el salario medio es 7,6 puntos inferior a la media estatal y más de uno de cada diez hogares tiene como sustentador principal a una persona en situación de inestabilidad laboral grave. El empleo sigue siendo importante, pero no basta. “Reduce el riesgo de exclusión, pero ya no lo elimina y para demasiadas personas se ha convertido en una experiencia frágil y vulnerable”, ha subrayado Rodríguez. 

Uno de cada cinco hogares sufre exclusión vinculada a la salud 

El informe andaluz sostiene que la exclusión en la dimensión de la salud aumentó de forma notable durante la crisis sanitaria y, lejos de revertirse, “se ha cronificado”, pasando a afectar a uno de cada cinco hogares. El principal factor es el económico, extendiéndose de manera preocupante. En la provincia de Huelva, unas 85.000 personas viven en hogares que han tenido que dejar de comprar medicinas o abandonar tratamientos o dietas por falta de recursos.

Esta realidad en el ámbito de la salud está erosionando la equidad en el acceso a la sanidad y empuja hacia un modelo de doble velocidad, donde la capacidad de pago marca cada vez más la diferencia. Además, el impacto es “especialmente grave” en la salud mental y se concentra en las situaciones de exclusión más severa. “Cuando enfermar implica empobrecerse y cuidarse depende de los ingresos, el derecho a la salud pierde contenido y la exclusión se vuelve más profunda y persistente”.

Daniel Rodríguez de Blas, miembro del equipo de estudios FOESSA y coordinador del informe de Andalucía

Los rostros de la exclusión social en Andalucía 

La exclusión social en Andalucía tiene “rostros claros y repetidos”. Así, afecta a casi la mitad de las personas con nacionalidad extranjera (48%), más del doble de quienes tienen nacionalidad española (20%). La exclusión no solo es económica, también es cívica y democrática: más de 580.000 personas viven en Andalucía en hogares sin derecho a votar ni a ser elegidas.  

 El segundo rostro es el de la infancia y la juventud. “Casi tres de cada diez menores viven en situación de exclusión (29%). La juventud andaluza afronta un proceso de emancipación marcado por la inestabilidad laboral y un acceso a la vivienda cada vez más restringido. Se trata de una transición bloqueada que convierte la juventud en una etapa prolongada de vulnerabilidad social”, ha apuntado.

 Finalmente, la exclusión afecta con mayor intensidad a quienes viven en hogares encabezados por mujeres. “A la brecha de ingresos se suman la precariedad laboral, la carga de los cuidados y las dificultades de acceso a la vivienda”, ha enumerado. 

Hacia un nuevo pacto social 

El informe FOESSA Andalucía constata un modelo social con signos evidentes de agotamiento que genera “desigualdad, precariedad y fragmentación social”. Se afirma que “la exclusión social es la expresión de grietas profundas en nuestro modelo de desarrollo” y se denuncia, además, que se trata de un modelo “ecológicamente insostenible”.

Frente a un relato profundamente individualista, el informe plantea un cambio de rumbo sustentado en tres pilares fundamentales: una sociedad civil activa, capaz de tejer vínculos, sostener a quienes quedan al margen y exigir respuestas colectivas; instituciones públicas fuertes que impulsen políticas coherentes en vivienda, empleo, migración, protección social y fiscalidad para que nadie quede atrás y el cuidado sea el centro del pacto social; y una clase política valiente, capaz de mirar más allá del corto plazo electoralista y de construir consensos amplios a la altura de los desafíos que enfrentamos.

Sobre la Fundación FOESSA 

La Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) fue creada por Cáritas Española en 1965 con el objetivo de servir a la sociedad a través de la realización de estudios de investigación sobre la realidad social, cultural y económica de España.

A lo largo de estas seis décadas se han presentado nueve macrodiagnósticos. Este es el cuarto estudio andaluz y forma parte de 22 informes territoriales que se desprenden del IX Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, presentado el pasado 5 de noviembre. Los resultados de esta investigación se basan en la sexta Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales (EINSFOESSA), realizada en el primer semestre de 2024 a 12.289 hogares en todo el país, 596 en Andalucía.

15 de marzo: Consumir con conciencia, elegir con dignidad

Cada 15 de marzo celebramos el Día Mundial de los Derechos de las Personas Consumidoras, una fecha que nos recuerda que detrás de cada compra hay una decisión que puede transformar vidas, proteger el planeta y defender derechos. En un mundo marcado por la digitalización, la inteligencia artificial y un mercado global cada vez más complejo, este día nos invita a mirar más allá del precio y preguntarnos qué impacto generan nuestros hábitos de consumo.

Lo que comenzó en 1962 con el histórico discurso de John F. Kennedy —cuando por primera vez se reconoció al consumidor como un actor político con derechos propios— sigue siendo hoy una llamada urgente a la responsabilidad colectiva. Los principios básicos establecidos por Naciones Unidas continúan guiando este camino: seguridad, información veraz, libertad de elección y derecho a ser escuchados. Derechos que hoy se amplían ante nuevos desafíos como la obsolescencia programada, la transparencia algorítmica o el uso de nuestros datos personales.

El compromiso de Cáritas: economía que pone a las personas en el centro

Desde Cáritas creemos que consumir es también un acto de ciudadanía. Por eso impulsamos una economía que genera oportunidades, protege el planeta y sitúa la dignidad humana en el centro.

En España contamos con 73 iniciativas de Economía Social, que abarcan desde la reutilización textil —a través del proyecto MODA RE— hasta la agricultura ecológica, la mensajería sostenible, la carpintería, la gestión de residuos, la hostelería o la recuperación de bicicletas. Proyectos que no solo reducen el impacto ambiental, sino que ofrecen empleo y acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad.

Nuestra Red de Comercio Justo, presente en 29 Cáritas diocesanas, garantiza que los productos que llegan a nuestras manos respetan los derechos de quienes los elaboran. Son más de 30 tiendas y 90 puntos de venta que demuestran que otra forma de consumir es posible.

Huelva: nuestra tienda de Comercio Justo

En Cáritas Diocesana de Huelva contamos con una tienda de Comercio Justo que acerca a la ciudadanía productos elaborados con criterios éticos, sostenibles y transparentes. Allí explicamos el origen de cada artículo, quién lo produce y en qué condiciones. Porque creemos que conocer la historia detrás de lo que compramos es el primer paso para transformar la realidad.

Consumir con conciencia es un acto de justicia

Las asociaciones de consumidores recuerdan que la prevención es clave: guardar facturas, leer la letra pequeña, informarse antes de comprar. Pero desde Cáritas añadimos algo más: consumir con conciencia es también un acto de solidaridad.

Cada vez que elegimos un producto de Comercio Justo, una prenda reutilizada o un servicio de economía social, estamos apoyando a personas que luchan por salir adelante, defendiendo el planeta y construyendo una sociedad más justa.

Cáritas Española moviliza 150.000 euros para atender a la población desplazada en Líbano ante la escalada de violencia

Cáritas Española ha decidido movilizar 150.000 euros ante la crisis de personas desplazadas en Líbano a raíz de la escalada de hostilidades en ese territorio y las órdenes de evacuación israelíes dirigidas a diversas localidades del país. Tras los ataques militares coordinados de Estados Unidos e Israel contra el territorio de Irán, iniciados el 28 de febrero, la escalada bélica ha agravado la crisis humanitaria en Oriente Medio afectando a 14,1 millones de personas, según la ONU.

Las órdenes de evacuación para los residentes de unas 50 aldeas del este y el sur del país, así como en diversos barrios de la capital Beirut, ha provocado el desplazamiento forzado y urgente de unas 700.000 personas hacia zonas consideradas más seguras, según los registros del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR). Las operaciones militares han causado en este país al menos 486 muertos y más de 1.313 heridos entre la población civil.

“Estamos ante un desplazamiento masivo. Según nuestros equipos en terreno, los refugios disponibles no pueden absorber la cantidad de población desplazada y las calles se llenan de personas huyendo de las zonas afectadas debido a la magnitud, intensidad y extensión geográfica de la actual escalada. Todo apunta a que las hostilidades van a continuar, así como el desplazamiento dramático de las personas”, explica Roser Gil, referente de Acción Humanitaria en el área de Cooperación Internacional de Cáritas Española.

Las previsiones indican que el número de desplazados internos podría superar el millón de personas. Hasta la fecha, las autoridades de Líbano han activado 567 refugios en todo el territorio para acoger a la población que está llegando al centro y norte del país; hoy solo 55 disponen de plazas.

El impacto humanitario de esta crisis es especialmente profundo. “El miedo, el trauma y la incertidumbre resultantes están teniendo un profundo impacto en las familias, no solo a nivel físico sino también psicológico. Comunidades enteras se encuentran gravemente afectadas por una situación que se suma a los años de violencia y dificultades económicas”, puntualizó.

Refuerzo del servicio de atención primaria

Con la movilización de estos fondos, Cáritas Española pretende apoyar la labor que está realizando el equipo de Cáritas Líbano en respuesta a la crisis humanitaria. Entre las principales líneas de intervención destacan la activación de los equipos de emergencias en todo el país, la ampliación de comedores y puntos de distribución de alimentos preparados, el suministro de artículos no alimentarios para los refugios (colchones, mantas y almohadas) y el refuerzo del servicio de atención primaria a través de sus centros de salud y sus unidades clínicas móviles.

Cáritas Española colabora con Cáritas Líbano desde hace casi 15 años en programas de asistencia médica a familias y comunidades vulnerables del sur del país, con especial atención a familias refugiadas provenientes de Siria, y programas de respuestas de emergencia. 

Ante la escalada bélica, la Asamblea de Patriarcas y Obispos Católicos del Líbano pidió el pasado 5 de marzo “el cese inmediato de la espiral de violencia y el retorno al diálogo constructivo y a una acción diplomática responsable, basada en la búsqueda del bien común de los pueblos que anhelan una vida pacífica fundada en la justicia y la dignidad”. Asimismo, instaron a la comunidad internacional a “hacer todo lo posible por evitar una mayor escalada y establecer soluciones justas que salvaguarden los derechos de los pueblos y protejan la dignidad humana”.

Cáritas Española se suma a este llamamiento, expresando su solidaridad y apoyo a Cáritas Líbano y a todas las Cáritas de Oriente Medio que están siendo afectadas por esta crisis regional sin precedentes.

Cuatro de cada diez hogares sustentados por mujeres están en exclusión social, casi el doble que los encabezados por hombres

La brecha de género es profunda en los hogares monoparentales y mucho más si la sustentadora principal es una mujer migrante. Según el IX Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social, el 44,4% de las familias monoparentales encabezadas por una mujer están en exclusión social en nuestro país, casi el doble que las sustentadas por hombres (26,8%).

Esta falta de igualdad entre hombres y mujeres mueve a Cáritas a visibilizar y denunciar, con motivo del Día Internacional de la Mujer, las múltiples barreras que deben afrontar las mujeres que acompaña. En los distintos programas de Cáritas, las mujeres representan el 65% de las personas atendidas. El perfil predominante es el de mujeres mayores de 45 años, con estudios básicos y, cada vez más, mujeres migrantes.

“El género continúa siendo uno de los factores que más condiciona la posición social, las oportunidades y la vulnerabilidad”, explica Leticia Escutia, responsable del programa de Mujer de Cáritas Española.

Durante 2025, la mayoría de las personas acompañadas fueron madres solas sustentadoras de hogares enteros con pocos recursos; mujeres migrantes expuestas a empleos extremadamente precarios y a dificultades para regularizar su situación; mujeres mayores con pensiones insuficientes y redes de apoyo debilitadas y mujeres en zonas rurales con menor acceso a servicios esenciales.

“En todas ellas se repiten patrones muy claros: dificultad para acceder o mantener una vivienda estable; obstáculos para el acceso a un empleo digno y compatible con los cuidados; sobrecarga mental y física por asumir en solitario los cuidados y la economía del hogar y procesos administrativos lentos que complican aún más su salida de la pobreza”, indica Escutia.

Pese a la reducción general del desempleo, la brecha de género persiste. En 2025, el paro femenino fue del 11,24% frente al 8,76% de los hombres, y las mujeres siguieron cobrando un 16% menos. A ello se suma la alta parcialidad involuntaria (las mujeres representan el 72% de los contratos a tiempo parcial), la carga desproporcionada de los cuidados, la segregación laboral (horizontal y vertical), la brecha digital y la alta presencia de mujeres en la economía sumergida, especialmente en empleos como hogar, cuidados o limpieza.

Ante esta realidad, Cáritas reivindica el acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones, con trabajos dignos y sin discriminación de género. Se exige la formalización del empleo en sectores precarizados como el doméstico, agrícola y de servicios, así como la eliminación de barreras administrativas para las mujeres migrantes, garantizando permisos de residencia y trabajo justos. También se demanda el reconocimiento social y mejores condiciones laborales para trabajos esenciales desempeñados mayoritariamente por mujeres.

“A pesar de las dificultades, muchas mujeres han logrado salir adelante, demostrando una enorme fortaleza, resiliencia y capacidad de superación. Han enfrentado violencia, discriminación y barreras sistémicas, pero con el apoyo adecuado y el acceso a oportunidades, han conseguido transformar sus realidades y construir un futuro digno para ellas y sus familias”, indica la responsable del programa de Mujer de Cáritas Española.

8 de Marzo: Cáritas Diocesana de Huelva reivindica el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias machistas

Acompañamos procesos que rompen barreras estructurales y fortalecen la autonomía personal y social.

Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Cáritas Diocesana de Huelva pone el foco en la realidad de vulnerabilidad que viven muchas de las mujeres a las que acompañamos cada día. Una realidad marcada por un sistema de desigualdad entre hombres y mujeres, de carácter estructural e histórico, que sigue teniendo consecuencias directas en sus vidas.

Esta desigualdad atraviesa todos los ámbitos de nuestra sociedad y se manifiesta en múltiples formas: desde la brecha de género en el empleo o las dificultades para la conciliación y la corresponsabilidad en los cuidados, hasta expresiones tan graves como las violencias sexuales o los feminicidios.

Desde Cáritas Diocesana de Huelva se trabaja con las mujeres de manera integral y coordinada desde todas nuestras áreas, acompañando sus procesos vitales y respondiendo a las distintas formas de vulnerabilidad que atraviesan sus vidas. Nuestro compromiso es común: garantizar sus derechos, fortalecer su autonomía y ofrecer espacios seguros donde puedan reconstruir proyectos de vida dignos y libres de violencias.

El Proyecto Ammar (Atención a las mujeres en situación de vulnerabilidad) lleva más de dos décadas ofreciendo un acompañamiento integral a mujeres que afrontan situaciones especialmente complejas: cargas familiares no compartidas, falta de documentación, baja cualificación, desconocimiento del idioma, ausencia de redes de apoyo, precariedad económica o haber sido víctimas de violencias machistas. Estas circunstancias dificultan el acceso a derechos básicos como la educación, la vivienda o el empleo. Por ello, resulta esencial ofrecer respuestas que fortalezcan su salud integral y generar espacios seguros que les permitan iniciar procesos de promoción personal.

En esta línea, la acción formativa Taller de Peluquería y Estética se ha consolidado como un espacio de confianza donde crear vínculos, tejer redes de apoyo y favorecer la participación. De manera transversal, se desarrollan también talleres que promueven la igualdad de género como un valor imprescindible para construir sociedades más justas e inclusivas.

Con motivo del 8M, hemos impulsado diversas dinámicas —La Flor de los Derechos, Las Gafas Lila y la elaboración de cartelería conmemorativa— para fomentar el apoyo mutuo, la toma de conciencia sobre derechos e igualdad, la participación activa y el empoderamiento de las mujeres que acompañamos.

Desde el Área de Familia, el trabajo con la mujer se concreta tanto desde el Proyecto de Acompañamiento a familias como desde el Proyecto de Acompañamiento a personas mayores en situación de soledad no deseada. 

El desarrollo humano de estas mujeres está limitado por barreras de exclusión y discriminación que obstaculizan su empoderamiento, el desarrollo de sus capacidades y las conducen a vivir en un estado permanente de inseguridad, vulnerabilidad y de aislamiento personal y social.

Desde el Proyecto de Acompañamiento a familias, se realiza con las mujeres un acompañamiento integral teniendo en cuenta todos los ámbitos de su vida y la de sus familias, y que busca que cada mujer pueda fortalecer sus capacidades, reconstruir redes de apoyo y avanzar con mayor seguridad y autonomía en su propio proyecto de vida, generando un impacto positivo en su entorno familiar y especialmente en el bienestar y desarrollo de sus hijos e hijas. Para ello se trabaja desde un proceso educativo que contempla sus capacidades y posibilidades de desarrollo en diferentes dimensiones: adquisición de competencias personales y sociofamiliares, habilidades domésticas, hábitos saludables, prácticas de autocuidado físico, reducción de conductas de riesgo y prevención de la violencia de género.

La feminización del envejecimiento se traduce en desigualdades que afectan a la mujer mayor, haciéndola más vulnerable: rol de cuidadora principal, mayor tasa de desempleo vivido, menos ingresos económicos, mayor número de casos de maltrato, unido a un aumento de la soledad y aislamiento social y al deterioro de su salud física y mental en esta etapa de su vida. A las mujeres mayores se les acompaña con acciones que permitan su empoderamiento y autonomía, y una intervención socioeducativa que pretende intervenir para prevenir y amortiguar los posibles deterioros físicos y cognitivos, y especialmente para estimular sus relaciones sociales y de apoyo mutuo, su participación social, la comunicación con el entorno evitando su soledad y aislamiento.

Para poder acompañar estos procesos de cambio se generan espacios de relación y encuentro, de confianza y aprendizaje, tanto a nivel individual como grupal. Espacios donde acompañar a las mujeres desde la cercanía y la cotidianeidad de sus circunstancias, donde puedan abrirse y compartir miedos, dificultades y logros, reduciendo el estrés y la ansiedad.

Se busca así potenciar el conocimiento personal y la conciencia de sí mismas, favoreciendo que se reconozcan como personas valiosas y capaces de desarrollar su propio proceso de cambio.

En este 8 de marzo desde Cáritas Diocesana de Huelva renovamos nuestro compromiso con la defensa de los derechos de todas las mujeres y con la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. Desde Cáritas Diocesana de Huelva seguiremos impulsando espacios de acompañamiento y protección que permitan a cada mujer avanzar en libertad, dignidad y autonomía, poniendo en el centro sus voces, sus procesos y sus proyectos de vida.

Cáritas Diocesana de Huelva presenta su proyecto de acompañamiento a personas mayores en el CaixaForum de Sevilla

El miércoles 4 de marzo tuvo lugar en el Auditorio del CaixaForum de Sevilla la Presentación de Resultados de la Convocatoria de Proyectos Sociales de la Fundación “la Caixa”, un encuentro que reunió a entidades sociales de toda Andalucía occidental cuyos proyectos han sido seleccionados en la convocatoria 2025.

Cáritas Diocesana de Huelva estuvo presente en este acto con su proyecto “Acompañamiento a Personas Mayores Solas”, elegido dentro del ámbito de atención a personas mayores. Este reconocimiento permitió que nuestro proyecto formara parte de la presentación oficial, un espacio donde se visibilizó el impacto social de las iniciativas apoyadas por la Fundación.

Nuestra compañera Inma Ruíz intervino en el auditorio compartiendo, de manera especialmente emotiva, los aspectos más significativos del proyecto: el acompañamiento cercano, la mejora de la satisfacción vital de las personas mayores y la creación de vínculos que fortalecen su bienestar emocional y social. Su exposición puso de relieve cómo este trabajo transforma la vida de quienes participan y contribuye al fortalecimiento de las comunidades donde se desarrolla.

Agradecimiento a la Fundación “la Caixa”

Desde Cáritas Diocesana de Huelva expresamos nuestro profundo agradecimiento a la Fundación “la Caixa” por su compromiso con las entidades sociales y por impulsar oportunidades que favorecen la inclusión y la mejora de la calidad de vida de las personas. Su apoyo supone un impulso fundamental para que nuestro proyecto pueda seguir creciendo y ofreciendo acompañamiento a quienes más lo necesitan en esta etapa de su vida.

Gracias a este respaldo, continuamos estando cerca de las personas mayores, promoviendo relaciones significativas y contribuyendo a que vivan con mayor bienestar, compañía y dignidad.