Informe FOESSA en Andalucía: Cáritas advierte que 1,5 millones de andaluces viven en situación de exclusión

Cáritas. 1 de octubre de 2019.- Cáritas Regional de Andalucía ha presentado esta mañana en rueda prensa las conclusiones del VIII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía. En ella han intervenido el presidente de la Cáritas Regional, Mariano Pérez de Ayala; el vicepresidente, Rafael López-Sidro; y Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación FOESSA de Cáritas Española.

El VIII Informe Foessa es el resultado de una investigación de 4 años en la que se han utilizado fuentes propias, como la encuesta FOESSA 2018, como secundarias (INE, Contabilidad Nacional y CIS, entre otras). La encuesta se ha realizado a nivel estatal en 11.655 hogares, de las que se ha obtenido información de 29.953 personas. Para el caso de Andalucía se han llevado a cabo 667 encuestas (hogares) que arrojan información de 1.810 personas.

Además de la elaboración propia en la que han intervenido numerosos técnicos y miembros de varias universidades, uno de los elementos más importantes de este informe es su forma de aproximarse a la pobreza entendiéndola no sólo como algo material (económico).

En él se mide la exclusión social a través de 35 indicadores que valoran la participación en el empleo, en la capacidad de renta, en el acceso a derechos básicos como son la vivienda, la salud, la educación, participación política, y la ausencia de lazos sociales (la soledad) y las relaciones sociales conflictivas.

Este tipo de abordaje plantea una aproximación a la pobreza mucho más global y sobre todo más fiel a lo que pasa en el día a día de las personas.

1.5 millones de personas en situación de exclusión.

El resultado de la encuesta realizada por Cáritas destaca que dos tercios de la población andaluza han recuperado los niveles previos a la crisis, aunque de distinta forma. Esta sociedad, la integrada, se ha reconfigurado en dos grupos: uno de ellos, la sociedad de oportunidades, en el que se encuentran 5,7 millones de andaluces y no tienen ninguna dificultad para su supervivencia; en el segundo grupo, la sociedad insegura, se ubican un millón de andaluces, y aunque viven en situación de integración, están al filo de la navaja y tienen la certeza de que no se recuperarían si se presentase una nueva crisis.

En el sector de la exclusión social se encuentra el 18,6% de los andaluces, lo que afecta alrededor de un millón y medio de personas. Un sector de la población que tiene algún problema relacionado con la vivienda, la salud, el empleo, o han agotado la red de apoyo que les permitía salir a flote. De estos, cerca de 760.000 personas viven la exclusión de forma severa y de ellos, más de 300.000 acumulan tantos problemas que se podrían considerar descartados por la sociedad.

Esta es la huella principal de una crisis que no recupera los niveles previos a la misma después de la Gran Recesión.

El rostro de la exclusión

Uno de los rasgos que destaca este informe es que la pobreza se hereda. Una persona nacida en un hogar con limitados recursos materiales y pocos ingresos económicos, tienen más posibilidades de quedar instalados en la exclusión. En esta situación, se duplica la posibilidad de no terminar la ESO. Por otro lado, las mujeres sufren determinados factores que dificultan o agravan el riesgo de exclusión. Factores como una mayor dificultad en el acceso a la vivienda o la brecha de ingresos en el empleo o las prestaciones. Así, una mujer tiene que trabajar una hora y media más, dos si es inmigrante, para ganar lo mismo que un hombre.

Aunque existe una gran variedad de perfiles, un hogar en situación de exclusión en Andalucía suele estar sustentado por un hombre, español, de 45 a 64 años, con hijos a su cargo, bajo nivel de estudios y en búsqueda activa de empleo.

Si hablamos de la situación demográfica de la exclusión social, hablamos de un término transversal a los distintos barrios, pueblos o ciudades, encontrando familias en exclusión tanto en barrios degradados, como en barrios en buenas condiciones, llama la atención que el 85% de los hogares en situación de exclusión residen barrios en buenas condiciones.

Sin embargo, es destacable el alto nivel de exclusión que generan los barrios degradados, ya que el 84% de la población de estos núcleos vive la exclusión, casi duplicando la media del conjunto español.

El factor económico, motivo principal de la exclusión en Andalucía

Aunque ha disminuido el desempleo, la desprotección y la precariedad han provocado que hoy las personas con trabajo no estén exentas de la exclusión. La temporalidad y los bajos salarios han creado trabajadores pobres. Esta situación está calando en la sociedad la idea de que el trabajo es más un privilegio que un derecho.

  • El desempleo en Andalucía todavía alcanza al 23% de la población, multiplicando por 1,8 la tasa de paro del año 2007, que se situaba en el 13%.
  • El 12% de las personas que trabajan se encuentran bajo el umbral de la pobreza y el 15% en exclusión social, a pesar de su esfuerzo personal no consiguen unas condiciones de vida mínimas.
  • El 10% convive en hogares donde todas las personas activas sufren el desempleo.

En cuanto a vivienda, resulta preocupante que 226.000 andaluces vivan con la incertidumbre de quedarse sin casa, y que 750.000 personas vivan en la pobreza severa después de pagar gastos de hipotecas, alquileres o suministros como el gas, la luz o el agua.

En lo referente a la salud, las limitaciones económicas dificultan el acceso a los recursos sanitarios básicos que están fuera de la competencia de la sanidad pública. El 7% de la población ha dejado de comprar medicinas, seguir tratamientos o dietas. Esta circunstancia genera una desigualdad que tiene mayor impacto en las personas con discapacidad. Un 33% de estas sufren la exclusión social, el doble que las personas sin discapacidad.

La educación es otro factor destacable relacionado con la exclusión social. Así, los niños de 3 a 15 años no escolarizados, triplican la media estatal. Los mayores sin estudios, por otro lado, la superan.

Cáritas, primer recurso después de acudir a los Servicios Sociales

El gasto en prestaciones sociales en Andalucía es notablemente inferior al del Estado, especialmente en ayudas destinadas a los más vulnerables como las prestaciones de renta mínima cuya cobertura es inferior al 20% de la población en exclusión severa, además de ser una cuantía deficiente para atender a las necesidades básicas de las personas.

A pesar de la insuficiente inversión en políticas sociales, 2,5 de cada 10 personas en situación de exclusión han acudido a los servicios sociales públicos, y 2 de cada 10 personas han acudido a Cáritas, lo que hace que Cáritas sea la primera entidad social de Andalucía a la que acuden las personas vulnerables, después de los servicios sociales públicos.

En definitiva, en el año 2013 Cáritas planteaba que se estaba privatizando el vivir social, y cinco años después, tras este análisis, advierte que “vivimos en una sociedad desvinculada, en la que cada vez es más difícil hacernos cargo de los que se quedan atrás, y por ello necesitamos revincularmos, y la construcción de comunidad tendrá un papel esencial”.

La Casa de Santa María, un lugar de acogida y promoción personal

La Casa de Acogida Santa María de Cáritas Diocesana de Huelva es un recurso residencial de carácter temporal que acoge a personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad o exclusión social y desean plantearse unos objetivos vitales acordes con una vida normalizada y autónoma.

Esta casa proporciona alojamiento y manutención, cubriendo las necesidades básicas de las personas acogidas. Además, favorece la integración social de la persona acogida y su autonomía personal, y favorece acciones que ayudan a la sensibilización social y promoción de las personas que sufren la marginalidad a fin de crear una visión más integradora y humana.

Por otro lado, existe un acuerdo entre la Casa de Acogida Santa María y el Secretariado de Pastoral penitenciaria, un gesto de intervención conjunta en el servicio a los más necesitados y como un signo de encuentro y comunión desde donde se hace posible la orientación, organización y coordinación de la Pastoral Caritativa y Social de nuestra Diócesis de Huelva.

La Casa de Acogida Santa María tiene 2 plazas reservadas para personas que, estando en régimen de segundo grado, puedan disfrutar de permisos penitenciarios. Por ello, la casa acoge brinda un hogar donde poder vivir el tiempo que dure el permiso. Aquí la persona está rodeada de técnicos y voluntarios que llevan a cabo todo tipo de acciones dentro de la Casa: acompañamiento físico en disposición de escucha, clases de apoyo al español, apoyo en las habilidades domésticas, acompañamiento en acciones de ocio y tiempo libre.  Por otra parte La Casa cuenta con 1 plaza reservada para personas que, estando en régimen de tercer grado, pueda disfrutar de permisos penitenciarios o estando en régimen de Libertad Condicional pueda vivir en la Casa mientras termina su condena.

En definitiva, la Casa de Acogida Santa María es un lugar de acogida temporal que fomenta e impulsa a personas que por distintas razones se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Una red viva y dinámica a lo largo y ancho de la provincia

Cáritas Diocesana de Huelva se ha ido conformando en una red viva y dinámica a lo largo y ancho de toda la provincia, de personas voluntarias integradas en Equipos de Cáritas Parroquiales o en los diferentes centros de acogida, con una metodología clara y desde el acompañamiento. Cáritas trabaja en siete espacios, siete coordinadoras que se ubican en zonas como el Andévalo, Huelva Ciudad, la Costa, las Minas, el Condado Oriental, el Condado Occidental y la Sierra.

Estos espacios permiten trabajar a lo largo de todo el curso un trabajo coordinado, con un sentido de comunión, para responder a las realidades de pobreza y vulneración que tienen las personas.

Cada coordinadora está formada por las Cáritas Parroquiales de la zona, que se reúnen mensualmente, se ponen en común las diferentes acciones, las buenas prácticas y sirve para intercambiar ideas.

Estas coordinadoras funcionan con un fondo muy importante, el Fondo de Comunicación Cristiana de Bienes que permite que alguna Cáritas sea financiada en algún proyecto con el apoyo de esta hucha solidaria del arciprestazgo. Un esfuerzo grande de muchas personas que sumados ayudan a superar el asistencialismo en beneficio y protagonismo de las personas y su dignidad.

Al inicio del curso en estas reuniones se programa para todo el año y al finalizar se evalúan las distintas acciones que hemos realizado. Por ello, la coordinadora es un espacio de comunicación, oración, reflexión y formación.

Son numerosas las acciones que en el año se realizan desde Cáritas Diocesana de Huelva en las diferentes zonas de la provincia. Nos formamos, reflexionamos, nos unimos con otros, programamos y evaluamos nutra tarea. La Formación y la animación Comunitaria, son el motor indispensable para responder desde la comunidad Cristiana en clave de compromiso y compartir solidario.

Esperanza y oportunidades para jóvenes recién extutelados

Cáritas Diocesana de Huelva comienza un nuevo proyecto con jóvenes recién extutelados. Este proyecto pretende abordar la realidad de aquellos  jóvenes migrantes que, o bien por haber salido de centros de menores  o  bien de centros de emergencia, tras cumplir la mayoría de edad, se ven abocados a vivir situaciones de exclusión social.

Se trata de un perfil  que cada vez es más frecuente en nuestro trabajo y que nos llega a través de derivaciones de los propios centros de atención, de los asentamientos de inmigrantes de la provincia o de  los recursos destinados a personas sin hogar.

Se trata de chicos que por su edad, por el momento de ciclo vital que están viviendo y por la falta de estrategias de supervivencia en calle, necesitan del apoyo para que la transición a la madurez sea favorecedora.

Uno de los objetivos principales es ofrecer a los menores en acogimiento residencial, apoyo y orientación en su proceso de transición a la vida adulta a nivel personal, social, laboral, económico y doméstico. Además queremos facilitar una vivienda donde poder iniciar un proceso de  inserción a la vida adulta  hacia la vida autónoma. Otro de nuestros objetivos es permitir el establecimiento de procesos de formación e incorporación al mundo laboral y social, a través de los recursos existentes en los distintos organismos y entidades de manera que se prevenga la caída en círculos de exclusión.

Desde Cáritas Diocesana de Huelva esperamos que estos jóvenes sientan que pertenecen a un hogar. Entre todos vamos a trabajar para que en el proceso de su transición de vida adulta, puedan formarse, capacitarse y sentirse apoyados. ¡Comenzamos, sin perder de vista la ilusión!

El proyecto ‘Educar para crecer’ continúa durante el verano

El pasado 12 de junio se cerró el periodo de acompañamiento y apoyo escolar con una merienda familiar en la que además de disfrutar de la tarde de convivencia, tuvimos oportunidad de valorar el trabajo realizado solicitando el feedback de los adultos  y menores asistentes. El balance fue muy positivo y fueron muchas las muestras de agradecimiento, lo cual es muy importante especialmente para motivar y alentar al voluntariado para seguir formando parte de nuestro proyecto.

Fue una tarde muy dulce en la que no solo compartimos pasteles, también recuerdos, anécdotas,  y situaciones vividas en el tiempo que llevamos compartiendo. Cerramos la tarde con un hasta luego ya que en breve darán comienzo las actividades  del campamento urbano.

Será este el cuarto año que se ponga en marcha dicho campamento, ya que las familias con las que trabajamos no pueden tener unas vacaciones repletas de actividades, por lo que los menores pasan la mayor parte de sus vacaciones en casa o por las calles del barrio. Es por ello,  por lo que se ofrece una programación de actividades que tiene como objetivo que los menores puedan disfrutar de su tiempo de vacaciones jugando, experimentando, participando en actividades lúdicas y al mismo tiempo adquiriendo hábitos adecuados y favoreciendo su desarrollo personal y social.

Para este año está previsto desarrollar talleres relacionados con las artes plásticas, la música, el baile y la cocina entre otras tantas actividades como dinámicas, juegos de mesa, manualidades, juegos tradicionales, salidas al parque, a la playa, al cine…

En el desarrollo de cada día, que comienza con el desayuno, vamos de menos a más, es decir de una actividad más pausada y relajada a otras más activas. Se dedica un rato a hacer alguna actividad relacionada con lo académico y a partir de ello cada día se desarrolla una actividad diferente sobre áreas o temáticas distintas.

Los menores que disfrutan de estas actividades son en su gran mayoría los niños y niñas que han formado parte del proyecto a lo largo del curso académico, tienen edades comprendidas entre los 6 y los 14 años, por lo que se trabaja por grupos de edad adaptando las actividades a las características y necesidades de cada uno.

El proyecto «Educar para Crecer» se enmarca dentro del Área de Familia de Cáritas Diocesana de Huelva. Se trata de un proyecto interparroquial (Parroquias de Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora de Belén) en el que se trabaja con los menores de estas zonas de Huelva, estos menores llegan al proyecto  al ser las familias derivadas desde dichas parroquias, por los centros educativos o por el propio interés de algunas personas que han sabido que se desarrollan estas actividades.

Afrontamos un año más desde la ilusión y el entusiasmo por seguir trabajando, desde la infancia, por limar las desigualdades que establecen las diferencias de oportunidades.

Cáritas Diocesana de Huelva atiende a 14.091 personas en el año 2018

Huelva, 20 de junio de 2019. La directora de Cáritas Diocesana de Huelva, Pilar Vizcaíno junto con la Responsable del Departamento de Comunicación y Relaciones Externas, Peña Monje, han presentado la Memoria General 2018, un documento que recoge la realidad del trabajo de nuestra entidad y que supone una radiografía muy real de la situación de la Diócesis de Huelva contada desde el trabajo diario de los 75 equipos de Cáritas  Parroquiales que existen en la provincia y desde los Servicios Diocesanos.

Cáritas Diocesana de Huelva ha atendido en 2018 a 14.091  personas, lo que supone una reducción de 3.980 personas con respecto a 2017. Este hecho se produce por un importante cambio de la forma de trabajar de Cáritas Diocesana de Huelva, en el que el asistencialismo ha dado paso a un acompañamiento integral de la persona.

Este año, el grado de participación de las Cáritas  Parroquiales en la elaboración de la Memoria de Cáritas 2018 ha llegado al 88% del total, lo que hace ver el esfuerzo que están llevando a cabo los centros parroquiales en un ejercicio de transparencia. Hay que reconocer el trabajo de estos equipos, que hacen un esfuerzo continuo para atender a las personas más necesitadas de Huelva.

Las personas atendidas son aquellas que acuden a Cáritas, son los rostros que vemos y que, potencialmente, podrían formar parte de procesos de acompañamiento y participación. Por otro lado, debemos cuantificar las personas beneficiadas de la labor de Cáritas Diocesana de Huelva, que son aquellas que sin acudir directamente a Cáritas se ven beneficiadas por la acción que recibe algún miembro de la familia. Por último, tenemos en cuenta las atenciones realizadas, que suponen un aumento de las realizadas en 2017, que sumaron 108.166 en total. Esto se debe a que el trabajo con las personas atendidas se realiza de forma integral y a que la cronificación de la pobreza y de la exclusión para muchos colectivos les haga depender de entidades como Cáritas.

Datos Memoria 2018

El perfil básico de la persona que se acerca a Cáritas Diocesana de Huelva y a los centros parroquiales para recibir atención es el de una mujer española, de edad media y con familia a su cargo.

Para todo este trabajo, Cáritas Diocesana de Huelva cuenta con recursos para la Acción Sociocaritativa de la Diócesis, que suman un total de  3.032.627 euros.

Recursos para la Acción Sociocaritativa de la Diócesis

Recalcar que un gran porcentaje de estos recursos provienen de las aportaciones directas de la comunidad cristiana onubense a través de campañas, colectas y acciones puntuales promovidas por la Iglesia de Huelva.

Distribución de nuestros recursos

Además, como actividad a destacar durante el año 2018, Cáritas Diocesana de Huelva ha llevado a cabo un proceso de reflexión ante la realidad que miles de personas están viviendo en los asentamientos. Un dolor y un grito con rostros de personas concretas que viven cotidianamente la vulneración de sus Derechos Humanos. Por ello, Cáritas ha llevado a cabo en este año un análisis integral de las necesidades de las personas afectadas y el derecho al acceso al agua potable se torna como la mayor y más urgente de las prioridades consensuadas.

Una labor importante la desarrollan los voluntarios que participan en Cáritas Diocesana de Huelva, ya sea en la atención en Parroquias o en los distintos centros ubicados en las instalaciones de la calle Doctor Cantero Cuadrado, sin los cuales sería imposible llevar esta labor. En total, 800 voluntarios han participado en nuestra acción en el año 2018. A ello hay que añadir que el 96% de las 830 personas que trabajamos en Cáritas.

Cáritas Diocesana de Huelva y la Fundación Endesa clausuran un curso de montaje de instalaciones eléctricas y aire acondicionado

Huelva, 19 de junio de 2019.- La directora de Cáritas Diocesana de Huelva, Pilar Vizcaíno, y la directora de proyectos de la Fundación Endesa, Gloria Juste, han clausurado en la capital onubense la séptima edición del curso de Montaje de instalaciones eléctricas y aire acondicionado en edificios que organizan conjuntamente ambas instituciones y del que se han beneficiado ya un total de 84 jóvenes, contando los 12 de esta edición.

El curso, que en anteriores ediciones se centraba en las ‘Operaciones auxiliares de montaje de instalaciones electrotécnicas y de telecomunicaciones en edificios’, se ha transformado desde el curso pasado en el ‘Montaje de instalaciones eléctricas y aire acondicionado’, debido a la alta demanda de instaladores de aire acondicionado en la provincia de Huelva en los meses de junio a septiembre.

De hecho, cinco de los alumnos ya han conseguido inserción laboral y otros seis están realizando prácticas –cinco en empresas del sector y el sexto en instalaciones de la propia Cáritas-. Solo uno de los alumnos ha cursado baja del curso por motivos familiares.

Cáritas Diocesana de Huelva y la Fundación Endesa han apostado por esta formación desde el principio ya que la carencia formativa es una de las barreras fundamentales para encontrar un puesto de trabajo. De la situación de pobreza no sólo se sale con aportaciones económicas, sino que hay que dar un salto e invertir en acciones formativas que capaciten a las personas para el trabajo, algo que entiende muy bien la Fundación Endesa que desde hace años viene apoyando procesos formativos en Cáritas Diocesana de Huelva.

La acción formativa ha tenido una duración de cuatro meses, con una parte teórica y otra práctica que alcanza en total las 400 horas. Los 12 alumnos han estudiado temas específicos sobre las instalaciones eléctricas y el montaje de aire acondicionado y también contenidos transversales como la igualdad de género, el medioambiente, las habilidades sociales y las nuevas tecnologías.

En toda España, el convenio suscrito entre Cáritas y la Fundación Endesa ha permitido que 400 jóvenes de diversos lugares de España, donde Endesa tiene un especial arraigo, estudiaran el oficio de electricista. Aquí en Huelva, la colaboración entre ambas entidades ha facilitado la inserción en el mundo laboral o su retorno a la educación reglada tras conseguir el certificado de profesionalidad.

Sobre la Fundación Endesa:

La Fundación Endesa demuestra una clara vocación de desarrollo social a través de sus proyectos educativos, la formación para el empleo, el compromiso con el medioambiente e iniciativas culturales.

Así, impulsa proyectos de carácter educativo a través de iniciativas que transformen e innoven la educación en todos sus niveles y promoviendo la excelencia académica en al ámbito universitario a través de ayudas, becas y cátedras.

Igualmente, desarrolla proyectos de formación para el empleo, con foco en la promoción del talento, dirigido a personas en riesgo de exclusión social, a jóvenes emprendedores con escasos recursos y a profesionales de más de 50 años.

Asimismo, promueve iniciativas de tipo medioambiental vinculadas con la educación en la cultura ecológica y la promoción de la eficiencia energética. Además, otro de los compromisos de la Fundación Endesa es la apuesta por la reducción del impacto medioambiental de zonas industriales.

Por último, la Fundación continúa impulsando la iluminación de los bienes del patrimonio histórico-artístico y de promoción, recuperación y conservación del arte y la cultura.

Más información en: http://www.fundacionendesa.org/

Hay muchos signos de esperanza: Pongamos en el centro la realidad de los migrantes y refugiados

Cáritas Diocesana de Huelva, 19 de junio de 2019.- En el Día Mundial del Refugiado, la Red Migrantes con Derechos – integrada por la Comisión Episcopal de Migraciones, Cáritas, CONFER y Justicia y Paz— insta a los líderes españoles y mundiales a fortalecer el compromiso con la realidad de las personas refugiadas y migrantes, y a generar mecanismos de protección y de acogida desde la solidaridad y la hospitalidad. En el mundo, hay más de 1.000 millones de personas que están en movimiento. De ellas, 70 millones han tenido que abandonar sus hogares debido a situaciones de violencia, guerras o desplazamiento.

Muchas de ellas se incorporan a caravanas migrantes que cruzan fronteras a través de rutas que recorren miles de kilómetros en condiciones inseguras y de extrema vulnerabilidad, y se convierten en objetivo de las redes de tráfico y trata de personas. Junto a estas situaciones de movilidad humana, asistimos en toda Europa, en un contexto de políticas migratorias cada vez más estrictas y de mayor represión contra la migración irregular, a una criminalización de los defensores de los derechos humanos y de aquellos ciudadanos particulares, comunidades y organizaciones que tienden su mano a estos refugiados y migrantes.

Mientras avanza este cierre de “puertas” y puertos, y se repite el bloqueo de barcos humanitarios, desde nuestras organizaciones somos testigos de la tendencia creciente a obstaculizar y estigmatizar la asistencia humanitaria que las redes de ayuda y los voluntarios brindan a los migrantes en peligro. Hay sobrados ejemplos de ello, que incluyen casos de procesamiento de miembros de organizaciones no gubernamentales por haber impulsado operaciones de búsqueda y rescate en las aguas del Mediterráneo.

Este ambiente hostil, al que no son ajenos determinados discursos políticos, genera un efecto paralizante en la solidaridad y alimenta aún más los relatos tóxicos y negativos sobre la migración. Más allá del impacto negativo directo que esto tiene en las vidas de los migrantes y refugiados, la criminalización de la solidaridad también es peligrosa para la democracia, ya que erosiona la cohesión social y amenaza a nuestra humanidad. Recordamos el aliento del Papa Francisco que nos anima a tender puentes, a crear una cultura del encuentro y a abrir nuestra puerta a aquellas personas que están en el camino, que se encuentran en mayor vulnerabilidad, porque, como bien lo expresa en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, “la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representan hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades”.

La Red Migrantes con Derechos –que integra a más de 400 instituciones, delegaciones y comunidades de todo el país, y moviliza a más de 90.000 personas, entre voluntarios y profesionales contratados– ha acompañado en este último año a cerca de 3 millones de personas en situación de vulnerabilidad social. Desde esta realidad, queremos poner en valor el compromiso solidario y fraterno que tantos ciudadanos y colectivos brindan a nuestra sociedad para construir entre todos un futuro en esperanza. “Estoy intentando regalar lo que otras personas me han entregado”. Estas palabras de Dooa Sharif, una joven voluntaria siria de una de las instituciones de la Red Migrantes con Derechos que llegó a España como refugiada y presta apoyo ahora en un programa de acogida, son ejemplo del testimonio de muchas personas que construyen nuestras sociedades desde los valores de la solidaridad con sus convecinos y convecinas, especialmente con aquellas personas que se han visto forzadas a dejar sus hogares.

En este Día Mundial del Refugiado, la Red Migrantes con Derechos lanza un llamamiento a los responsables políticos y a la ciudadanía para que actúen contra toda criminalización del apoyo humanitario proporcionado a los migrantes y refugiados, defiendan los derechos de las personas migrantes y refugiadas, e impulsen sociedades acogedoras donde la solidaridad, el encuentro, la convivencia y el respeto estén en el centro de las políticas y de la agenda social. Hay muchos signos de esperanza y desde ellos queremos construir futuro.

Día de Caridad 2019: Hacer de nuestra vida una entrega creíble a los «heridos por la vida»

Los obispos que integran la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal, de la que depende Cáritas, nos invitan en su mensaje con motivo del Día de Caridad de este año –que se celebra el 23 de junio, en la festividad del Corpus Christi— a “hacer de nuestra vida una entrega creíble en todo momento a los `heridos por la vida´”.

Este es el mensaje íntegro de la CEPS:

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI, DIA DE LA CARIDAD
(23 de Junio de 2019)

Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

«Y RENUEVAS LA FAZ DE LA TIERRA» (Sal.103)

La celebración de la fiesta del Corpus Christi nos ofrece una vez más la oportunidad de agradecer y alabar a Dios por el don de la creación, y, sobre todo, el regalo de su Hijo Jesucristo sobre el ara del altar.

1) La creación alaba a su Creador.

La creación es bella porque ha salido de las entrañas del Creador. Dios en su amor infinito nos ha donado el reflejo de su Hermosura: “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1). Y hoy en la solemnidad del Corpus Christi, las calles de pueblos y ciudades se engalanan con el color y la fragancia de flores y plantas, tomillo y hierbabuena…lo mejor de nuestros campos y jardines para el Cuerpo de Cristo. Él nos bendice pasando por donde vivimos y nosotros lo alabamos con los frutos y semillas de la tierra que nos sustenta. Ancianos, enfermos, niños, jóvenes y adultos, todo el Pueblo de Dios irá caminando y cantando al Amor de los amores. Adoro y confío.

También es verdad que la belleza de la creación está siendo maltratada, contaminada, expoliada y sometida a la cultura del descarte. Nos exhorta el Papa Francisco: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” (Francisco, Encíclica Laudato Si, 13). Es reconfortante saber que el amor de Dios, nuestro Creador, no nos deja: camina y trabaja junto a nosotros dándonos su luz y su fuerza para encontrar nuevos caminos que aviven el gozo de la esperanza. Y hoy miramos el cielo y la tierra con una mirada contemplativa y comprometida para colaborar con Dios en la restauración de la belleza de la creación “porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8,19). De este modo podremos acercarnos sin miedo, con valentía y coraje, a los desiertos materiales y espirituales por los que estamos atravesando y que, con frecuencia, nos lleva a beber en aljibes agrietados.

Eucaristía y creación van estrechamente unidas. Al celebrar hoy la Eucaristía se puede “experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico. ¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación” (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum caritatis, 29).

2) Tus criaturas custodiamos la belleza y la dignidad humana.

Los hombres de hoy y de mañana necesitamos asombro y entusiasmo para afrontar los desafíos que estamos viviendo, y que se vislumbran en el horizonte, para que la humanidad reanude su camino con buen ánimo y mucho sentido común, buscando siempre el bien, convencidos de que: “El Creador no nos abandona, nunca dio marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado” (Francisco. Encíclica Laudato Si, 13). Dios cuida y alimenta a su pueblo como lo hizo con el pueblo de Israel, ofreciéndole el maná para que no desfallezcan. Ahora es Jesucristo el que se nos ofrece como Pan de Vida cuando celebramos la Eucaristía, memorial del sacrificio en la Cruz y de la Resurrección.

En la solemnidad del Corpus Christi, día de la Caridad, el Señor nos llama a descubrirle y a encontrarnos con su imagen en todos los hombres y mujeres, sirviéndole en cada uno de ellos, de modo especial, y con inmensa misericordia y compasión, en los más pobres, frágiles y necesitados. Es un tiempo de gracia, propicio para parar el frenético y acelerado ritmo de vida que llevamos con frecuencia, descuidando el ir a lo esencial de nuestra vida, como discípulos misioneros del Señor. Hoy se nos hace una gran donación, un gran regalo del cielo a la tierra, que nos llena de alegría y que no encontraremos en otro sitio. Hoy, día de la Caridad, hemos de pedir con insistencia y de manera reiterada a la Trinidad Santa que purifique nuestra mirada: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). Sólo así podremos ver con los ojos del corazón, asombrarnos y custodiar la dignidad del hombre, creado imagen y semejanza de Dios. Los ojos de la fe son los que ven lo bello de cada persona y se maravillan ante la belleza de la creación y el amor sin límites del Creador.

3) La caridad defiende la faz de los pobres.

Al celebrar el Cuerpo de Cristo experimentamos su entrega “hasta el extremo” (Jn 13,1) y somos enviados al mundo para ser testigos de la compasión y la misericordia del Señor por cada hermano. Vamos hacia ellos con los mismos sentimientos de Jesús.

Hoy, día de la Caridad, la Iglesia nos recuerda que la Eucaristía sin caridad se convierte en culto vacío, tantas veces denunciado en la Sagrada Escritura y por el Magisterio de la Iglesia. S. Juan Pablo II nos decía: “No podemos engañarnos: por el amor recíproco y, en especial, por el desvelo por el necesitado seremos reconocidos como discípulos auténticos de Cristo (Cf Jn 13.35; Mt 25,31-46). Este es el criterio básico merced al cual se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas (San Juan Pablo II. Carta apostólica Mane nobiscum domine, 28).

Damos gracias a la Trinidad Santa por las manos generosas al servicio de la caridad que dedican su tiempo y entregan su persona al servicio de los necesitados en Cáritas y en otras instituciones de la Iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que haga de nuestra vida una entrega creíble en todo momento a los “heridos por la vida”: pobres; sedientos de Dios; transeúntes; emigrantes con sus adversidades; refugiados; familias desestructuradas; marginados; personas atrapadas y esclavizadas por las drogas, el alcohol u otras dependencias; la trata de mujeres en la esclavitud de la prostitución; las estrecheces por las que pasan los desempleados; ancianos solos; enfermos mentales; necesitados de compasión.

La Venerable Madeleine Delbrêl nos enseña: “Nosotros tenemos un corazón para compadecer, manos para cuidar, piernas para ir hacia todos los que sufren” (Delbrel, M., Gilles F. y Pitaud, B., “El bello escándalo de la caridad”. Narcea, 2016). Esto quiere decir que, cuando la Palabra y la caridad van juntas se anuncia a Cristo. La Palabra sin caridad corre el riesgo de ser pronunciada solo a flor de los labios. La caridad sin la Palabra se arriesga a silenciar su origen.

El Cuerpo de Cristo nos urge a acompañar a los pobres y construirles andamios de esperanza en un futuro mejor, como Dios quiere. No olvidemos que Jesús mismo nos ha dicho en una página solemne del Evangelio, que lo que hagamos o dejemos de hacer con los necesitados, a Él mismo se lo hacemos (cf. Mt25)

Ponemos bajo el amparo de la Virgen María, consuelo de los afligidos, toda la creación y a todo hombre y mujer, para que nos lleve a Cristo, Luz de los pueblos, con el fin de que se renueve la faz de la tierra y la faz de los pobres.

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

VIII Informe FOESSA: La exclusión social se enquista en una sociedad cada vez más desvinculada

El VIII INFORME FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España que se ha presentado hoy en Madrid es, en palabras de Guillermo Fernández, coordinador de la investigación, “un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos y una mirada a nuestra cohesión social para analizar cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión, cómo estamos enfocando la salida y cuáles son las consecuencias de la crisis en la poscrisis”.

Los resultados del Informe confirman –como señala Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (FOESSA)— “una situación que aunque mejora claramente respecto al 2013, que no alcanza los estándares de 2007 y que, si bien nos sitúa en una época nueva, sigue anclado en un modelo de desarrollo económico, social y antropológico caracterizado por una debilidad distributiva, por sus dificultades para no dejar a nadie atrás y con serias dificultades para afrontar y mejorar la vida de aquellos que viven la precariedad, de las personas excluidas, de los expulsados que no consiguen salir del pozo de la exclusión”.

Este VIII Informe ha sido puesto a punto un equipo de investigación formado por 125 investigadores de 30 universidades y 13 organizaciones de acción e investigación. El trabajo de campo se ha desarrollado con el apoyo de más de 350 encuestadores profesionales, que han llamado a más de 139.000 puertas de 17 Comunidades Autónomas, recogiendo la información de 29.000 personas de 11.600 hogares, donde se han sentado durante más de una hora para conocer a fondo su situación.

¿Qué está sucediendo en nuestro país?

La primera constatación que recoge el VIII Informe FOESSA es que la exclusión social se enquista en la estructura social de nuestro país.

Hoy en día, el número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 de millones más que en 2007 (antes de la crisis). Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes “el ascensor de la movilidad social no funciona y no es capaz de subir siquiera a la primera planta”.

Dentro de este sector social, existe un grupo especialmente vulnerable que acumulan tantos problemas cotidianos que les impide tener un proyecto vital mínimamente estructurado: son 4,1 millones de personas en situación de exclusión social severa. Son los ciudadanos sobre los que se ceba la desigualdad y la precariedad en sus diferentes formas: vivienda insegura e inadecuada, desempleo persistente, precariedad laboral extrema e invisibilidad para los partidos políticos.

Dentro de este grupo en exclusión social severa existe un grupo de expulsados, que suman 1,8 millones de personas (600.000 en 2007), que acumulan tal cantidad de dificultades y de tal gravedad que exigirían de una intervención urgente, profunda e intensa en recursos para garantizarles su acceso a una vida mínimamente digna.

La investigación trae, sin embargo, una buena noticia, que está protagonizada por esa sociedad integrada que representan aquellas personas que no tienen dificultades para su supervivencia, que llevan una vida digna en términos materiales y que se ha recuperado a los mismos niveles de antes de la Gran Recesión. Son el 48,4% de la población.

Se detecta, sin embargo, una novedad. Dentro de esta sociedad integrada se está produciendo una reconfiguración en dos grandes sectores: un primer grupo, que es el mayoritario, denominado la sociedad de las oportunidades, que integra a dos tercios de la población de España; y un segundo grupo, que conforma lo que hemos llamado la sociedad insegura y en la que estarían unos 6 millones de personas.

Este grupo de la sociedad insegura se mueve en el filo de la navaja. Está en la antesala de la exclusión. E intuye que ante una eventual acudida, en una nueva crisis, su sostén económico se quebrará. Le indigna que la sociedad segura se desentienda del resto y coja más impulso hasta desconectarse. Son los que votan salir, los que quieren sentir que aún tienen el poder de interrumpir la dinámica de la sociedad de los seguros y de impedir la entrada de foráneos.

Los que se encuentran en la sociedad de las oportunidades, en cambio, están en una situación acomodada, creen tener la razón en sus ideas y en sus prácticas cotidianas. Consumen en exceso, apenas sin conciencia y tienen capacidad para que se pongan sus necesidades en la agenda política. Muestran cierta fatiga de la solidaridad. En realidad, los acomodados no practican la empatía, pues suelen echar en cara, a los excluidos, su desafección y su responsabilidad por estar en esa situación y, a los inseguros, que manifiesten su malestar de forma airada.

Tres bloques de riesgos sociales

En el VIII Informe FOESSA se identifican tres bloques principales de riesgos sociales, que afectan con más fuerza a la sociedad insegura y a la sociedad estancada.

1. La pérdida de calidad de nuestra democracia.

Estamos arriesgándonos a que se vacíe de contenido ético y redistributivo, y se reduzca a un mero expediente político donde se enfatizan las formas y se guardan las apariencias. Estamos sustituyendo los vínculos por las conexiones. Las personas con bajos ingresos y en exclusión social participan menos en los procesos electorales: se registran tasas de hasta el 75% de abstención en los barrios más desfavorecidos, que constituyen un precariado político que no participa en los canales tradicionales de representación.

Esto provoca que su voz desaparezca de los procesos electorales. Si las personas excluidas no votan, no entrarán en la agenda política, y si a la agenda política no le interesa fomentar su voto, esto ahondará más en su situación de exclusión social.

2. La desigualdad en sus diferentes dimensiones.

En primer lugar, la vivienda es un motor elemental de la desigualdad y un factor clave en las dinámicas de exclusión social. El acceso a una vivienda digna se ha convertido en un derecho inaccesible para muchas familias, que sufren la inseguridad y la inadecuación de su hogar, y tiene una influencia notable sobre los recursos económicos, sobre el estado de salud y sobre los proyectos vitales de los más jóvenes.

– En los últimos dos años el alquiler ha subido un 30%.

– Dos millones de personas viven con la incertidumbre de quedarse sin vivienda.

– El 11% de la población vive bajo el umbral de la pobreza severa, una vez descontados los gastos o deudas relacionadas con el pago de la vivienda y los suministros de la misma.

En segundo lugar, el desempleo. A pesar de su reducción progresiva, es una realidad persistente y ahora menos protegida, lo que, junto con la precariedad, manifestada en temporalidad, parcialidad e itinerarios cíclicos que alternan períodos cortos de empleo con otros de desempleo, generan trabajadores pobres y excluidos, y limitan las posibilidades de integración de muchos colectivos.

La desigualdad en el mercado de trabajo está imponiendo el discurso de que el éxito final reside en la consideración del empleo como un privilegio y no como un derecho. Es, además, un privilegio con respecto a los demás. La precariedad laboral se ha convertido ya en una forma de vida de forma estructural en nuestra sociedad.

– El 14% de las personas que trabajan están en exclusión social.

– Uno de cada tres contratos temporales dura menos de siete días.

– El 15,1% de los hogares sufre inestabilidad laboral grave (son hogares en los que la persona principal ha pasado por 6 o más contratos, o por 3 o más empresas, o ha estado 3 o más meses en desempleo durante el último año).

– Aunque se ha conseguido reducir la exclusión por el empleo en un 42%, sin embargo 1 de cada 4 personas activas del conjunto de la población se encuentran en situación de exclusión del empleo. Si miramos solamente a las personas en exclusión social, serían 1 de cada 2.

– El 20% de las personas en hogares con al menos una persona desempleada no ha realizado ninguna formación ocupacional en el último año.

Una característica que nos diferencia de otros países de nuestro entorno y de un tamaño y desarrollo similar es que en la exclusión social en España va de la mano la mezcla de baja calidad en el empleo y costes elevados de la vivienda. El 37% de los excluidos del empleo lo están también en la vivienda.

En tercer lugar, las familias con niños y la juventud están más expuestos a la exclusión social.

– El 33% de las familias numerosas y el 28% de las familias monoparentales se encuentran en exclusión social.

– El 21% de todos los hogares con menores se encuentran en exclusión social.

– La Encuesta FOESSA constata que cuando uno nace y se cría en un hogar con escasos bienes materiales y con ingresos reducidos aumentan las probabilidades de instalarse en el pantano de la vulnerabilidad. Los que se criaron entre dificultades duplican a los que no crecieron entre penurias: esta es la marca de la transmisión intergeneracional de la pobreza. Y esa marca no para de crecer.

En cuarto lugar, las desventajas de las mujeres para vivir de forma integrada afectan a todas las dimensiones de la exclusión social. Destaca la brecha de ingresos en el empleo y en las prestaciones, su mayor riesgo de empobrecimiento, su acceso más precario a la vivienda, las diferencias en el estado de salud y la mayor exposición a situaciones de aislamiento social.

– Una mujer necesita trabajar 1,5 horas más al día para ganar lo mismo que un hombre. Si esa mujer es inmigrante, 2 horas más.

– Cuando una mujer es la sustentadora principal del hogar tiene más problemas económicos para acudir a ciertos servicios médicos (odontología, tratamiento psicológico, podología).

– Los hogares sustentados por mujeres tienen que reducir con más intensidad los gastos de suministros de la casa y los gastos en comunicaciones. Y tienen más retrasos en los pagos de recibos o en los pagos de alquiler de la vivienda.

– Soportan, además, mayor volumen de amenazas de pérdida de vivienda, mayores cambios de residencia, mayores estrategias de tener que compartir casa con gente que no conocen, o tener que alquilar una habitación a otros, o mayores retornos a la casa paterna.

Por último, están los riesgos frente a la salud.

– La exclusión social y no la pobreza monetaria tiende a duplicarse en las personas con discapacidad. El 30% de ellas se encuentran en situación de exclusión social y un 16% en exclusión social severa, el doble que las personas sin discapacidad.

– El 8,8% de la población ha dejado de comprar medicinas, seguir tratamientos o dietas por problemas económicos.

– El 15% de la población no puede acceder a un tratamiento bucodental porque no se lo puede permitir.

3. Los riesgos sociales derivados de los fenómenos demográficos

Estos fenómenos, que se producen en el largo plazo y que no han sido abordados de forma adecuada en nuestros sistemas de protección social, originan un incremento progresivo de la necesidad de cuidados. En España, a fecha de hoy, la familia, y especialmente las mujeres, es el eje del que se sostienen los cuidados y la sostenibilidad de la vida.

El aumento de la esperanza de vida y de la longevidad, los cambios en las pautas reproductivas y las modificaciones en las estructuras de los hogares y en la organización de las familias han conllevado cambios significativos en el modelo de sociedad.

– 1 de cada 3 hogares necesita cuidados bien por crianza, por edad avanzada, por dependencia o por enfermedad.

– En el caso de edad avanzada, enfermedad crónica o discapacidad, el 27% de los cuidadores principales son hombres de la familia, el 64% son mujeres de la familia, el 7,8 son personas remuneradas o contratadas y el 1,2 es la Administración.

– El familismo está encontrando nuevas formas de expresión a través de la mercantilización de los cuidados. Si esta es la respuesta a los cuidados, aquellos que no se los puedan pagar caerán en la exclusión social.

Cambios en la distribución territorial de la exclusión

Sobre el impacto geográfico de los riesgos sociales señalados, quizá uno de los datos más relevantes que presenta el VIII Informe FOESSA sea el de la distribución territorial de la exclusión social en España.

Si tradicionalmente España se ha explicado en términos de norte-sur, un norte rico y un sur pobre, esa fotografía sigue siendo cierta solo si pensamos en términos monetarios. Sin embargo la fotografía de la exclusión ofrece otra visión. Los datos de FOESSA permiten afirmar que se consolida el eje sur-mediterráneo en la exclusión social.

Este mapa demuestra los diferentes modelos de integración que coexisten en nuestro país, así como la fuerte diversidad territorial en lo que respecta a las distintas capacidades existentes en el territorio del Estado, tanto de desarrollo económico como social y de relaciones de ayuda mutua.

La evolución de las políticas sociales

El Informe analiza también los recortes que han sufrido los servicios públicos fundamentales en los últimos años (educación, sanidad, dependencia), que han afectado a la accesibilidad, disponibilidad, asequibilidad y adaptabilidad de los mismos a las situaciones de mayor precariedad.

Las desigualdades han ido en aumento en el caso de la sanidad, donde, por ejemplo, en 2019 no se ha recuperado todavía el nivel de gasto sanitario de los recortes iniciados hace diez años. Y, particularmente, en el sistema de dependencia. No obstante, la crisis ha sido también una oportunidad para acometer mejoras en coordinación y eficiencia.

Destaca el retroceso registrado en el impacto del efecto sustitución que se ha dado, por ejemplo, en la extensión del seguro privado de salud como compensación a las deficiencias del sector público sanitario: el número de personas con cobertura sanitaria privada aumenta del 13,3% en 2012 al 16,3% en 2017.

En el caso de la educación, cabe destacar también el aumento de la ratio de alumnado y la carga electiva para el profesorado o las dificultades para la obtención de una beca.

Asimismo, la rama de los servicios sociales ha sufrido la presión de una creciente demanda social con recursos menguantes, deficiencias críticas y amplias desigualdades territoriales en su oferta. Y las políticas de vivienda durante la crisis no han podido sentar las bases de un sistema residencial que garantice a las personas más necesitadas el acceso a una vivienda digna.

Las prestaciones familiares y por hijo a cargo han seguido, también, una evolución declinante que les ha incapacitado para hacer frente con eficacia al reto de la pobreza de los hogares con niños, En doce años, la cuantía por prestación por hijo cargo solo ha subido 5 céntimos mensuales (de 24,25 a 24,30 euros mensuales).

Finalmente, los esquemas de garantía de ingresos mínimos en España, con sus diversos subsistemas, han sufrido reformas permanentes o desarrollos con muy diferentes efectos en cobertura e intensidad protectora. Su característica definitoria es su limitada cobertura y su baja intensidad protectora, que reduce su capacidad para paliar la pobreza relativa, aunque sí la severa.

¿Cómo estamos reaccionando los ciudadanos?

El VIII Informe FOESSA indica que la ciudadanía sigue apoyando el Estado de bienestar como mecanismo de protección social. Más que antes, se pide al Estado que intervenga para conseguir una sociedad más igualitaria, para garantizar el derecho a la salud o a la educación y para protegernos de la pérdida de ingresos derivada de situaciones de vejez, enfermedad o desempleo. Los ciudadanos no consideran creíble el discurso sobre el «excesivo» gasto social.

Junto a ello, sin embargo, vivimos un cuestionamiento del sistema fiscal, tanto desde el ámbito político como ciudadano, y cierta fatiga de la compasión en nuestra sociedad. Disminuye la disposición a pagar los impuestos necesarios para financiar las políticas de bienestar y la sociedad española siente desconfianza ante el sistema fiscal y la clase política encargada de gestionarlo.

Esta fatiga de la compasión está generando perfiles críticos con las ayudas sociales. Más del 50% de la población expresa que ahora ayudaría menos que hace diez años, aunque seguimos siendo uno de los países donde existe un grupo mayoritario de ciudadanos que piensa que las ayudas sociales no vuelven perezosas a las personas.

Aunque las personas más afectadas por la crisis y que menos se han recuperado en la salida de la misma son las que están en las capas más humildes de la sociedad y quienes necesitarían más esas ayudas, el sentimiento de las clases medias es el de grandes perdedoras, lo que provoca que miren hacia el futuro con gran incertidumbre y pesimismo.

Muchas personas están instaladas en el miedo ante una sociedad del descenso y de pérdida de estatus, que es estimulado desde algunas instancias políticas y mediáticas en un irresponsable juego que genera tensiones y problemas allí donde no los había, como es, por ejemplo, el de la xenofobia. Dos datos:

– Las personas inmigrantes aportan el 10% de los ingresos de la Seguridad Social y sin embargo, el 50% de la población española piensa que reciben más de lo que tributan.

– En el espacio de la exclusión social, el 80% de las personas son españolas, sólo el 20% son inmigrantes.

– Solo aproximadamente el 4% de la población piensa que la inmigración es el primer problema de este país. España es uno de los países donde en menor medida se expresan opiniones abiertamente xenófobas y se producen menos fenómenos de rechazo.

Revertir la sociedad desvinculada

Para poder enfrentarnos al futuro, perder el miedo y fortalecer los mecanismos de inclusión de la ciudadanía en nuestra sociedad, los autores del Informe plantean un conjunto de grandes conversaciones cívicas que adecuen definitivamente nuestra forma de convivencia ante este proceso de mutación social que en el Informe se denomina la sociedad desvinculada.

Destacan tres retos.

1. Crear un nuevo escenario con responsabilidades compartidas, de dialogar en torno a la creación de un sector público compuesto por el espacio de trabajo conjunto de las Administraciones públicas, las entidades no lucrativas y las empresas sociales, con las iniciativas ciudadanas y profesionales.

2. Reflexionar sobre si queremos garantizar el acceso a la supervivencia de las personas a través de mecanismos de prestaciones y rentas condicionadas o mediante fórmulas de rentas garantizadas. Es decir, responder al reto de cuánta es la carga que queremos poner sobre los hombros de los pobres para poder ayudarles. Y respondernos, incluso, si a veces ser pobre es un delito.

3. Conseguir que las personas, inmersas en un mundo que promueve el individualismo, accedan a convertirse en una comunidad para facilitar el acceso de terceros. La pregunta está en cómo hacer que la ciudadanía colabore, lo que no se consigue ni a golpe de decreto ni por presión.

Las organizaciones cívicas y solidarias se mueven en un terreno de falta de recursos y de un cierto descenso de confianza. La diferenciación entre quienes merecen o no ayuda pública o protección social se está convirtiendo en un elemento clave para el soporte de estas entidades.

En el VIII Informe FOESSA se apunta que es imprescindible un liderazgo social, que, aunque a pequeña escala, puede generar movilización ciudadana y aportar proyectos que pueden ser replicados o repensados en otros lugares. Se trata de una construcción de abajo a arriba, que pueda revertir la senda de desconfianza y aislamiento que las estructuras están promoviendo.

Como se ha señalado en la rueda de prensa, “hoy, que se están negociando los pactos que determinarán quién dirigirá el Gobierno, las CC.AA o los Ayuntamientos, tenemos que preguntarnos si queremos afrontar cómo recuperamos para la sociedad a ese 1,8 millones de personas expulsadas, cómo podemos llegar a un acuerdo para evitar la exclusión social grave de 4,1 millones de personas, cuál es nuestra voluntad de construir sociedad o de seguir permitiendo que cada cual, en función de dónde ha nacido, la familia que ha tenido o el patrimonio heredado, resuelva cómo estar integrado”.

En palabras de Guillermo Fernández, “el reto está en saber —y poder— construir consensos, y la herramienta que parece clave en estos momentos es la construcción de un tejido social capaz de pensar en común los diversos aspectos para que nuestra vida sea realmente social”.

“Vivimos en una sociedad desvinculada, en la que cada vez es más difícil hacernos cargo de los que se quedan atrás y, por ello, necesitamos re-vincularnos, un objetivo en el que la construcción de comunidad tendrá un papel esencial. Esta es la tesis que defiende el conjunto de este proyecto del VIII Informe FOESSA”, añadió.

Cierre de ciclo

El VIII Informe FOESSA supone el cierre de un ciclo de análisis que se iniciaba en los momentos previos a la crisis económica. Como explica Raúl Flores, supone el capítulo final de una trilogía dedicada a tres momentos esenciales en nuestra historia reciente.

– 2007-2008 El momento de máximo crecimiento económico previo a la crisis, analizado en el VI Informe FOESSA.

– 2013-2014 El momento de máxima exposición de la población a los efectos de la crisis económica, analizado en el VII Informe FOESSA

– 2018-2019 El momento posterior a una recuperación económica constante de 4 años, que analizamos en este VIII Informe FOESSA.

La Fundación FOESSA se constituyó en 1965, con el impulso de Cáritas Española, ante la necesidad de conocer, la situación social de España de forma objetiva y persistente como alternativa y complemento a las iniciadas políticas de desarrollo creadas en nuestro país en esos momentos.

Desde su origen, tal y como subrayó en la presentación Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas y directora ejecutiva de la Fundación, los Informes FOESSA (1967, 1970, 1975, 1980-83, 1994, 2008 y 2014) “han marcado hitos en el conocimiento de la situación social de España a través del análisis de los procesos en que se manifiesta la evolución social, así como las estructuras y tendencias que se corresponden con esos procesos”.

“La vocación permanente de servicio de la Fundación –añadió— al conocimiento de la realidad social de nuestro país es un compromiso impulsado por Cáritas, desde el convencimiento de que no es posible actuar en la realidad social de la pobreza y la exclusión si no contamos previamente con un conocimiento profundo y exhaustivo de la misma que nos permita afinar las respuestas y acompañar de manera eficaz a los destinatarios de nuestra acción”.

Para la secretaria general de Cáritas, “nuestro mayor interés es lograr que esta tarea investigadora de FOESSA se realice desde la mirada de las personas perdedoras, de todos esos descartados a los que se refiere el papa Francisco y a los que la Confederación Cáritas sitúa siempre en el centro de sus actuaciones”.

ANEXO explicativo

Exclusión social es la pérdida de integración y de participación del individuo en la sociedad. Es la falta de participación en la vida social, económica y cultural de sus respectivas sociedades debido a la carencia de derechos, recursos y capacidades básicas que hacen imposible una participación social plena.

Es imposible medir la exclusión social con una simple tasa de pobreza ni tampoco con la denominada tasa AROPE, que mira 3 indicadores (pobreza, privación material y baja intensidad laboral). Sin cuestionar su utilidad, estos medidores no son suficientes para los objetivos marcados en la investigación.

Por esa razón, FOESSA utiliza 35 indicadores que miden la participación en el empleo, en la capacidad de renta y en el acceso a derechos básicos (como la vivienda, la salud, la educación o la participación política), así como la ausencia de lazos sociales (soledad) y las relaciones sociales conflictivas.

Cada uno de los 35 indicadores identifica situaciones de exclusión social, la mayoría de los cuales tienen un carácter extremo que afecta a proporciones pequeñas de hogares. La cantidad de indicadores afectados y el peso que tiene cada uno de ellos genera una suma de puntos de exclusión social que permite dividir a la sociedad en 4 espacios: el de la integración plena, la integración precaria, la exclusión moderada y la exclusión severa.